Hola viajero
Si has llegado hasta aquí es porque eres curiosón… porque guardas preguntas sobre NueveOchenta, sobre los Zamorismos, o incluso sobre el origen del mundo. Sea como sea, estás en el lugar correcto. Abre bien los ojos y prepárate: aquí encontrarás objetos creados para llevar Zamora contigo… o para presumirla sin disimulo.
Pero ¿qué invento es esto?
Cuentan las leyendas, esas que se susurran entre las piedras y nieblas zamoranas, que hace no tanto vivió un inventor… el licenciado D. Urraco Trespiedras del Duero, un hombre sabio, humilde y un poco excéntrico, de mirada curiosa y manos siempre sumergidas en trabajos e ideas.
Dicen que una noche, mientras la ciudad dormía, hizo su descubrimiento más notable: los zamorismos. Pequeñas creaciones sintetizadas con ADN zamorano, fabricadas con orgullo y un toque de magia local. Los Zamorismos nos representan, contienen el carácter recio, el humor acidillo y el arte escondido en los detalles, son esa forma tan nuestra de llevar Zamora por dentro… aunque estemos lejos.
Urraco empezó a darles forma en su taller extramuros: camisetas que guardaban historias, tazas con sabor a recuerdos, gorras que protegían del olvido, sudaderas capaces de abrazarte como una tarde de invierno en Viriato…
Urraco avanzaba en sus investigaciones sobre los zamorismos, buscando una forma de marcar cada creación con un sello único e invisible, algo que no se pudiera falsificar: una especie de firma secreta que protegiera el auténtico ADN zamorano. Probó con símbolos antiguos, con discos de folclore al revés e incluso con runas garrapiñadas, pero nada funcionaba.
Una noche, en su laboratorio el teléfono sonó: Cuando descolgó, no había voz, solo unos números que se repetía, suave pero firme, como un conjuro: 9… 8… 0… 9… 8… 0…
Y entonces lo entendió. Antes de que existieran los prefijos, bastaba con marcar y ya estabas “dentro”. Pero una vez llegado el 980, Zamora quedó señalada para siempre en el mapa invisible de las conexiones: un código único, directo, inconfundible… como su gente.
Desde aquel día, Urraco decidió que sus creaciones vivirían bajo ese nombre. Porque NueveOchenta es más que un número: es el puente entre lo de siempre y lo nuevo, entre Zamora y el mundo.